miércoles, 29 de mayo de 2013

El Turismo en el siglo XIX: Wilhelm von Humboldt , un viajero romántico en Elche



“Viajar conservando siempre una visión rigurosa y a la vez exaltada del mundo". Alexander von Humboldt (1769-1859).

En el siglo XIX el turismo en España era un fenómeno minoritario, pero es en el siglo XIX  cuando se sientan las bases del desarrollo turístico español del siglo XX. España experimentó una auténtica invasión de personajes más o menos singulares –literatos, pintores o simples burgueses hastiados de su vida anodina–, llegados de lugares como Francia, Inglaterra, Alemania o incluso Estados Unidos. Todos ellos recalaban en nuestro territorio atraídos por la avalancha de textos que describían a España como un enclave exótico, con paisajes y habitantes más propios de Oriente, que vivía anclado en un modo de vida casi medieval. Así fue como se forjó el mito de la España romántica, un lugar casi mágico en el que era posible vivir en carnes propias un sinfín de aventuras, rodeados por una variada galería de tipos españoles que incluían desde el temible bandolero hasta la sensual y misteriosa gitana, pasando, cómo no, por el torero y la manola.


La curiosidad por la otredad, en una época en que lo exótico, lo fantástico y lo insólito contribuyeron de manera decisiva, a un nuevo imaginario colectivo que produce un extraordinario aumento de “notas”, diarios, epistolarios, guías y memorias de viajes. En los relatos de los viajeros que recorrieron España durante la primera mitad del siglo XIX, se encuentran muestras elocuentes de un nuevo modo de entender el paisaje asociado al romanticismo. Aportan percepciones y vivencias interesantes del paisaje natural (marcando sus contrastes fundamentales y destacando sus notas distintivas) y del paisaje humanizado (proporcionando valiosas interpretaciones sobre el trazado tradicional y los componentes cualitativamente más apreciables de las ciudades), y con todo ello se elaboran imágenes y valoraciones con amplias resonancias geográficas.

La Biblia en España, George Borrow
Los relatos de los viajeros románticos inician en España un modo de entender el paisaje que anuncia y anticipa en gran medida las perspectivas de la consideración moderna, desarrollada con posterioridad, de la realidad geográfica española. El viajero romántico se funde en el medio vital que recorre. De ahí la importancia que se le da no sólo a la percepción visual, sino a la percepción interior, lo que hoy se llamamos “experiencia”,  sin dudas, el viajero del romanticismo es el que más se acerca al turista contemporáneo.

Wilhelm von Humboldt (1767-1835): Hermano del explorador Alexander von Humboldt. Wilhelm filólogo y estadista alemán, creador de la Universidad de Berlín, emprendió dos viajes por España entre 1799 y 1800. A través de sus escritos y su correspondencia, hace una detallada descripción de España, así como de la sociedad española de aquella época. Fue especialmente detallista al hablar de las costumbres y tradiciones de sus habitantes, sin olvidar las difíciles condiciones para viajar por la Península y sus impresiones sobre distintos personajes. Al abandonar la Península en 1800 camino de Perpignan, se expresaba diciendo: «Miro atrás con un sentimiento especial hacia España. Es un país maravilloso cuyos habitantes amaré siempre»


Wilhem von Humboldt
En uno de sus viajes por España, Wilhelm von Humboldt, visito Elche, en su relato resalta la singularidad del paisaje ilicitano único en España.

“Ya desde Orihuela a Elche el paisaje posee todo el encanto que normalmente ha hecho célebre el reino de Valencia. Bien regado, con terrenos magníficamente cultivados, con naranjos cercados o viveros, palmeras que crecen en grupos. Maravillosos son, sobre todo y por regla general, las entradas y salidas de los pueblos y ciudades, de las que aquí hay muchas, todas ellas pegadas unas a otras. Pero todo esto palidece ante Elche. El lugar es en sí mismo pequeño y sin mayor encanto, pero, de toda España, sólo aquí existe un auténtico bosque de palmeras datileras. Se entra en la ciudad por un puente que a ambos lados tiene huertas bellísimas. 


Entramos en una en la que vimos una cerca de las más bellas palmeras y en el medio, naranjos, limoneros y algodón. Uno no se puede imaginar una cosa más bella. Pero todavía más maravillosa es la salida. Alrededor de los más bellos y sonrientes huertos, se yerguen las palmeras, que no se han plantado en hileras, sino que crecen completamente formando un auténtico bosque, de una altura en parte diferente, pero en todo caso bastante considerable. De su copa penden en enormes racimos los dátiles medio maduros, la más abundante vista que un fruto puede dar. 
Elche, 1895:  La Ilustración Ibérica 
Algunas palmas se habían trenzado en sus puntas y liadas con lazos con el objeto de utilizarlas en la iglesia el Domingo de Ramos como palmas secas (marchitas). La presencia de palmeras sólo se extiende a lo largo de unas cuantas leguas y apenas cubren los alrededores de Elche. Aquí uno cree estar en Siria o en Palestina. 




Nadie me supo explicar la proveniencia de las palmeras. En los campos y prados hay por doquier pozos en los que ocasionalmente existen unos artilugios movidos por mulos”.
Guillaume de Humboldt et l’Espagne. Turín, 1924.

Mercedes Aranzueque Sánchez
Jose Orts Serrano
Con la colaboración de Emilio Soler Sala





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