Elche, la Jerusalén de Occidente: la procesión del Domingo de Ramos
Del palmeral a la calle: la palma blanca, artesanía ilicitana que trenza fe, tradición y comunidad. Hay ciudades que se explican con un monumento. Elche se explica con una palma. No por la palmera —que también— sino por lo que ocurre cuando esa hoja, trabajada hasta volverse blanca, aparece en manos de miles de personas. Entonces la ciudad cambia de textura: lo cotidiano se vuelve ceremonial, la calle se vuelve relato y la tradición, de pronto, respira. A Elche se le llama “la Jerusalén de Occidente” por una razón concreta: porque el Domingo de Ramos no es aquí un episodio del calendario, sino una escena fundacional que se repite cada año. Y esa escena tiene un protagonista silencioso: la palma blanca. Una palma no es un adorno: es un símbolo con destino En el relato cristiano, la palma acompaña la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. En Elche, además, la palma blanca se convierte en una especie de lenguaje común: habla ...